Una firma en cada botella que nos transporta a su origen y a las personas que lo hacen posible

La singularidad de cada parcela acompaña a cada uno de nuestros vinos especiales. Vinos que llevan el nombre que le dimos a las parcelas de las que proceden las uvas con las que los elaboramos. De ahí la magia en cada uno.

Descorchar nuestros vinos singulares es transportarse al terruño de donde proceden. Un auténtico viaje al origen.

Cada parcela tiene características únicas. Precisamente por ello tienen cada una un nombre propio. Como nuestros vinos singulares. Y como todo nombre propio, también llevan su firma.

La grafía con la que escribimos tiene rasgos de nuestras personalidades. De ahí que cada uno de los hermanos unieran su personalidad a la del terruño firmando de puño y letra el nombre del vino en las etiquetas. De esta forma, añadieron también en ellos un poquito de su personalidad.

La firma

Lore, un vino blanco original, complejo y con frescura, lleva los trazos de Mariasun. Una firma limpia, donde se aprecia cada letra a la perfección. Es el claro ejemplo de la minuciosidad para uno de los vinos con identidad marcada.

La firma de Selección comienza como un remolino. Tal vez queriendo homenajear a los viñedos donde nace, por ser estos donde el viento tiene mayor incidencia. Así queda plasmado por Ernesto, creador de este vino en su primera añada en 1996.

Laderas es por su parte reflejo de la fortaleza de un vino procedente de un viñedo de altura, con garra y fuerza, pero a la vez delicado. La firma de Iñigo representa esa fuerza con trazos gruesos, decididos y a la vez la delicadeza en su gusto y elaboración.

La firma de Gloria lleva nombre y apellido. Aflora la personalidad de la atención al detalle de Ernesto en los trazos y la calidad excelente de un vino que nace en el viñedo más antiguo, de cuya historia Gonzalo ha sido parte importante.

En definitiva, diferentes paisajes que podemos saborear a sorbos…